Después de conocer a una mujer etérea,
¿puede brindarnos
alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay una
diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las
nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de
comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en
concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor
más que volando.”
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